El Mercurio Artes y
Letra 8/1/2012
Se había convertido en un símbolo del
abandono de nuestros edificios históricos
Palacio Pereira: ¿el fin de una pesadilla patrimonial?
Levantado en 1872 por el prestigioso arquitecto Lucien
Hénault, la sufrida construcción ha vivido las
últimas décadas en la soledad y el abandono, pero finalmente recibe buenas
noticias: se acaba de concretar la compra del edificio por parte del Estado.
Allí se instalarán las oficinas de la Dibam y del
Consejo de Monumentos Nacionales, y se le anexará una construcción moderna.
Además, promete ser el primer paso de una serie de nuevos rescates y el símbolo
de la modificación de la Ley de Monumentos, que hasta ahora sólo generaba el
efecto contrario a la protección: el deterioro.
IÑIGO DíAZ / ELENA IRARRÁZABAL
En 1976, el imponente Palacio Undurraga, en la esquina de la Alameda y Estado, fue
derribado por una estruendosa bola de acero que fue demoliendo a golpes la
singular residencia de estilo neogótico. Sobre el sitio se levantó una torre de
ventanales de giro comercial, un proyecto, que según especialistas, no
significó ningún aporte a la ciudad.
Ubicado en el barrio poniente -Huérfanos
1515, esquina de San Martín-, el Palacio Pereira, otra de esas valiosas piezas
de la arquitectura decimonónica, parecía destinado a correr ese mismo destino o
a uno peor: el abandono silencioso. Su construcción -a cargo del francés Lucien Hénault, contratado por el
Presidente Bulnes en la categoría de arquitecto de
gobierno- se inició hace más de un siglo, en 1872. Y a pesar de que sus
obstinadas murallas han sobrevivido una serie de terremotos, sus últimas
décadas han estado marcadas la soledad y el progresivo deterioro. Eso, porque
en agosto de 1981 fue declarado Monumento Nacional, y en consecuencia su último
dueño, Raúl del Río, quien poco meses antes lo había adquirido, se vio
imposibilitado de intervenir su estructura con fines comerciales.
Pero el palacio comenzará una nueva y
simbólica vida a partir de 2012. El 30 de diciembre recién pasado se concretó
la adquisición del inmueble por parte del Estado. La compra, alcanzó el valor
de mil 179 millones de pesos, incluye una serie de planes estratégicos. No sólo
se restaurarán sus dependencias para instalar allí las nuevas oficinas de la
Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam) y
del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN). La idea
es que la antigua residencia sea el rostro de un enfoque gubernamental de
rescate patrimonial mucho mayor.
"Con esto estamos generando un prototipo
de trabajo para la recuperación de patrimonio que solucione un grave conflicto.
El Palacio Pereira simboliza el drama que existe con una ley que busca proteger
el patrimonio, pero termina generando lo contrario: que un edificio como éste
permanezca 30 años abandonado, en virtud de que está declarado Monumento
Nacional", señala Magdalena Krebs, directora de
la Dibam.
Ley contraproducente
El proyecto de nuevos rescates patrimoniales,
impulsados por el gobierno, involucra la modificación de una ley que se
considera añeja. Y no porque su data sea de 1925 (con una primera modificación
en 1970). Básicamente porque se centra en lo monumental, omitiendo el concepto
de protección patrimonial, hoy de amplio alcance.
"Esperamos presentar esas modificaciones
a la ley durante los primeros meses de este año, porque se requiere una visión
mucho más amplia, que incorpore el patrimonio inmaterial", indica Krebs. Las modificaciones apuntan a considerar, por
ejemplo, compensaciones e incentivos para los propietarios de inmuebles
patrimoniales, y un fondo estatal de protección "para que no vuelva a
ocurrir lo que ocurrió con el Palacio Pereira y su traumática historia de
deterioro", dice Krebs.
La negociación se realizó prácticamente en el
tiempo récord de tres meses y se confirmó que su compra incluye, además, todos
los elementos que Raúl del Río se vio obligado a sacar del palacio para
resguardarlos de los constantes robos y violaciones que el inmueble sufrió en
ese lapso: piezas de mármol, vigas de madera, trabajos en fierro forjado.
Lo nuevo y lo viejo
El palacio tiene 2.247 metros cuadrados
construidos en dos plantas. El frontis de calle Huérfanos y el ala lateral de
San Martín permanecen en relativo buen pie. Pero una sección completa
desapareció con el paso de los años. El proyecto arquitectónico de
revalorización busca recuperar el patio central del palacio y los magníficos
interiores, hoy convertidos en espacios inertes. "Por un lado se conserva
el edificio antiguo y por otro se agrega uno nuevo, que no destruye el valor
arquitectónico esencial. Estamos demostrando que es posible recuperar
patrimonio devolviéndole su tipología original, incluso cuando se le inserta un
edificio contemporáneo", apunta la directora de la Dibam.
El edificio moderno de cuatro pisos (nivelados
a la altura original del palacio) albergará oficinas administrativas de la Dibam y el CMN, y un subterráneo
dedicado a un auditorio para 300 personas.
Primero se encargará un estudio técnico para
evaluar el estado de deterioro real del edificio y luego se ingresará a la
etapa de rediseño, con un concurso de arquitectura cuyo llamado está programado
entre abril y mayo. Las autoridades creen que las obras comenzarán hacia el
segundo semestre.
"La construcción del edificio moderno
tardará lo que tarda una edificación de este tipo. Pero el tiempo que tomará la
restauración del edificio antiguo es difícil estimarlo. Hay que hacer un
levantamiento exacto del daño. Cuánto nos vamos a demorar en tenerlo listo, no
lo sabemos. Probablemente un par de años largos", anticipa Krebs.
Unificación cultural
Además de que promete convertirse en un
símbolo de los próximos rescates y en el referente de la próxima modificación a
la Ley de Monumentos, el Palacio Pereira está vinculado directamente con la
discusión sobre la nueva institucionalidad cultural. "Buscamos unificar
los términos. Actualmente hay una dispersión de funciones que no resulta
eficiente para un trabajo sobre el patrimonio. Queremos tener una
institucionalidad protectora, por eso es que el proyecto de futuro ministerio
se llama de Cultura y Patrimonio: fomenta la actividad cultural pero también
protege los bienes patrimoniales. La institucionalidad que resguarda ese
patrimonio tendrá un sello e identidad: el Palacio Pereira será nuestra
cara", dice Krebs.
Los registros históricos consideran a esta
residencia como una de las últimas obras realizadas por Lucien
Hénault, sucesor directo del pionero de la
arquitectura republicana en Chile: Claude Brunet des Baines. A la muerte de Brunet des
Baines, Hénault llegó al
país como un continuista de los conceptos basados de l'École
des Beaux Arts de París.
"De esta manera, también estamos rescatando a un arquitecto clave en la
historia de nuestro país. Con él se forman los primeros arquitectos chilenos y
se crea la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile. Tampoco hay que
olvidarlo", dice Krebs.
A su juicio, "con el Palacio Pereira
estamos mostrando cómo se puede restaurar un edificio y además dándole una cara
pública a la institucionalidad del patrimonio cultural. No sólo vamos a cambiar
la legislación, sino que además vamos a tener un edificio que lo
demuestre".
Una teleserie con
muchos capítulos
Durante décadas, la ruinosa esquina de
Huérfanos con San Martín fue una muda metáfora del desinterés patrimonial en
Chile y de los escasos incentivos o acciones del Estado para preservar valiosos
testimonios de nuestra historia. Muchos cayeron bajo la picota (como el puente
de Cal y Canto, el Palacio Undurraga o el portal de
Sierra Bella), pero el Palacio Pereira parece haber tenido una inexplicable
obstinación por sostenerse en pie, a pesar de terremotos, recursos legales y
vandalismo.
Entre los hitos en esta "drama
patrimonial", figura el hecho de que la residencia fue declarada
monumento nacional en 1974, luego le fue quitada esta categoría y en 1981
se la volvió a designar monumento histórico.
El año 2001, el fisco -representado por el
Consejo de Defensa de Estado- demandó a los propietarios ante la justicia
civil, argumentando que éstos no lo habrían cuidado debidamente, según estipula
la ley. Paralelamente, los dueños demandaron al Estado pidiendo una
indemnización, porque no podían darle aprovechamiento al inmueble y era
económicamente inviable restaurarlo.
En el contexto de estos dos juicios, el
abogado de los propietarios presentó un recurso a de inaplicabilidad ,
alegando la inconstitucionalidad de dos artículos de la Ley de Monumentos
Nacionales, ya que vulneraban el derecho de propiedad. La Corte Suprema acogió
el recurso, estableciendo la inaplicabilidad de los artículos 11 y 12, los
mismos que, de acuerdo al dictamen, no podrían aplicarse a esos juicios
específicos.
El año 2009 se vivió otra acalorada polémica,
cuando el Consejo de Monumentos aprobó para el lugar un proyecto arquitectónico
que conservaba el cascarón del edificio y construía en su interior una
peculiar torre de 25 pisos.
El diseño recibió comentarios poco elogiosos.
Fue calificado de "malo" por el Colegio de Arquitectos y Mathias Klotz lo describió como
"un robot pasando por encima de un edificio". Hoy esta teleserie con
varios capítulos parece aproximarse, finalmente, a un ansiado happy end .
Las historias que esconde
un edificio centenario
Hijo de un coronel del ejército libertador
que atravesó la cordillera con San Martín y peleó en la Batalla de Chacabuco, Luis Pereira Cotapos
fue quien encargó al connotado arquitecto Lucien Hénault la construcción de una gran casa en Huérfanos con
San Martín, que lo acogiera a él y a sus diez hijos. Pereira -dueño de
propiedades mineras y de la Viña Santa Carolina- escogió para su residencia al
mismo arquitecto del Congreso Nacional y la Casa Central de la Universidad de
Chile.
Hénault propuso un diseño elegante y refinado, que
comenzó a concretarse en 1872. Poco a poco, se levantó la fachada a las calles
San Martín y Huérfanos, de carácter continuo y estilo neoclásico, con columnas
de orden jónico en el primer piso y corintio en el segundo. Uno de los grandes
valores arquitectónicos de la casa, cuya estructura aún perdura, pese a todos
los avatares y remezones, es su galería en forma de cruz latina , con arcos
de medio punto y que antaño tenía sus cielos vidriados . Tampoco queda
mucho -aunque hay vestigios - del fino trabajo de yesería, hierro forjado,
molduras y pisos de mármol con que contaba la residencia.
Los relatos de la época cuentan que en el
primer piso de la casa se situaban los salones donde recibía don Luis -senador,
canciller y uno de los protagonistas del histórico "Abrazo del
estrecho"-, los que eran denominados según sus colores dominantes: salón
azul, rojo y lila . También allí estaban los comedores, biblioteca y
capilla. En el segundo piso se situaban los dormitorios.
El año 2004, uno de los nietos del fundador
de la casa, Ismael Pereira (quien vivió allí hasta los siete años), contó a
"El Mercurio" que "con el tiempo, en la casa se instalaron
varios hijos de Luis Pereira con sus familias. Cada casa tenía una cocina y
recintos independientes, pero la vida familiar se hacía en las galerías
, allí nos juntábamos todos a conversar". Con el paso de los años, la
familia la vendió y el edificio pasó por distintos propietarios, como el
Arzobispado de Santiago y un liceo de niñas. El progresivo deterioro fue tal
que en el espacio se dieron obras de teatro como "Calígula" (dirigida
por Alejandro Goic) y películas como "El último
hombre", de Tatiana Gaviola, que requerían de
entornos ruinosos o apocalípticos. En 1981 la casa fue comprada por Raúl del
Río y Cía., quien, tras poseer la propiedad durante 30 años, la vendió al
Estado hace pocos días.